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El primer y último día de ellas en el gimnasio
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De repente un día se te ocurre la genial idea, necesitas sentirte en forma y ¡ala!, te apuntas al gimnasio. Sacas tus mallas del jurásico y tu camiseta de Coca-Cola de Naranjito 82 (siempre te las guardas por si algún día te animas a hacer deporte), una botella de agua, dos toallas y te encaminas al gimnasio.

La primera impresión te la llevas cuando entras en la clase. NADIE lleva mallas ni camisetas de Montreal 78, visten camisetas mínimas por encima del ombligo (¿para que se apuntarán al gimnasio con esas tripas?, ¡¡Arggg!!) y una especie de pantalón con un tanga en colores fosforitos por encima. Vale, pareces la protagonista de Flash dance (o peor, Leroy de Fama) y sólo te faltan los calentadores (ufff, menos mal que los dejaste en casa), pero estás bien, a tu estilo, algo parecido a las bailarinas del Un, Dos, Tres.

Llega la profesora pegando gritos y dando palmas. ¡¡Arribaaaaaaaaaaaaa!!. Ufff. Lleva puesto otra de las mini-camisetas y un pantaloncillo cinturón TAMBIÉN CON EL TANGUITA POR FUERA. De repente, pone música. En cuanto empieza el chunda-chunda te das cuenta que quizá, sólo quizá, a ti te irían más los bailes de salón... pero NO, ésta vez vas a resistir. La simpática de la profe te pregunta si conoces el step y el aeróbic, cuando pones la típica cara de pez, te mira con una mezcla de compasión y cachondeo, mientras el resto de pedorras hace sonar unas risitas... Sospechoso.

Pero a los cinco minutos ya entiendes el porqué de las risas. Vas perdida y pareces el hipopótamo de Fantasía. Cuando ellas acaban a la izquierda tu vas por la derecha, cuando hay que subir un brazo y adelantar una pierna, tu estás dando palmas y girando sobre tí misma. Ufff. Que mareo y que sed...

El Rexona protección 24 horas te ha durado exactamente 3 minutos, y encima se te clava el sujetador de aros (ahora vas cogiendo el concepto de ropa interior deportiva).

Pisas a la supermegapiji sus zapatillas de colores piscodélicos. Te lanza una mirada asesina. Ufff. Empiezas a preguntarte por qué narices en una clase de aeróbic hay tantos espejos... Mientras a ti te devuelve la imagen de un pollo colorado y sudando, la profe y las compis parecen salidas del catálogo de Adidas. Ahí, te preguntas si no sería posible que pusieran espejos de feria, de esos que estilizan y hacer parecer delgada.

Passso Mammmmmmmbooooo- Grita como una posesa la profe. ¿Paso qué? - preguntas. Nadie te contesta. Así que como un chimpancé imitas como puedes el passso mammmmmmmbooooo y su puñetera madre. Argggg. No puedes más. Miras el reloj. ¡¡¡Sólo han pasado 20 cochinos minutos DE CALENTAMIENTO!!!.

Buscas algo para escupir un pulmón sin que te vean y en ese momento descubres que a través de los cristales una fauna de Suachenagerr y Van Dams, con cinturones anchos te observa, se dan codazos y se ríen a carcajadas. Arggg. Que poca intimidad piensas...

El chunda-chunda del radiocasete (en todos los gimnasio el radiocasete está lleno de luces y colorines) sigue y sigue... y la profe y sus secuaces siguen pegando saltos y dando palmas. Ufff. En un receso para beber agua (te bebes 40 litros por metro cuadrado de cuerpo en un minuto). Te despides.

Ejem, ejem, mira NO puedo más, ya vuelvo ¿eh? Ahí, todas tus compis de jaula lo saben. NO volverás. Otra que se raja. Te preguntas si serán "presas del éxtasis" y ahí te consuelas, claaaaaaaaaaro van de pastillas hasta arriba y por eso aguantan.

Vas a los vestuarios. Has perdido la llave de la taquilla después de tantos saltos. Vuelves a la jaula. Allí Melanie y sus gorilas siguen saltando y saltando. Coges tu llave y corres, corres sin mirar a atrás. Dudas entre ducharte allí o en casa. Pero la visión de miles de hongos paciendo plácidamente en los fondos de las duchas te hace decidirte. Me pongo un bañito en casa lleno de algas relajantes. Ummm. Mientras te pones la sudadera de Sprite (orgullosa, eso sí, pues no tuviste que beber Sprites aquel verano para conseguirla), llegan tus compis. En el fondo sabes que sientes compasión. Pero a ti te alucina más la depilación de ingles que llevan y los tanga hilo dental que visten. Arggg.

Llegas a casa. A las dos horas te empiezan a doler los dolores. Te acuestas. Cuando suena el despertador te das cuenta de que tendrás que pedir la baja por invalidez absoluta porque no puedes ni subirte las medidas. En fin, "mens sana in corpore sano".





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