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Tonterias de la historia
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A mí me gusta mucho leer Historia, porque leer Historia es igual que leer el Hola, pero los números atrasados. La mayoría de la gente piensa que pasar a la Historia es muy difícil. Y ¡que va...! En realidad es más fácil que ser portada en el Diez Minutos. De hecho, la mayoría de la gente que figura en los libros de Historia es por hacer el idiota.
Los egipcios, por ejemplo... Estos tíos pasaron a la Historia porque construían las pirámides trayendo unas rocas enormes desde cientos de kilómetros... Vamos a ver: ¿no hubiera sido más fácil hacer las pirámides donde estaban las piedras?
Además, ¿para qué sirve una pirámide? ¿Qué sentido tiene construir una montaña cuando ya las hay hechas?
Y es que la idiotez humana no tiene límite. ¿Qué me dicen de la guerra de Troya? Una guerra que empieza por unos cuernos y termina porque el enemigo le regala a los otros un caballo de madera... ¿Se imaginan el momento?
-Oiga jefe, que los griegos nos quieren regalar un caballo de madera...
-Ah bueno, pues ponlo en la plaza, a caballo regalado no le mires el vientre.
Y los griegos desde dentro:
-¡Ya no estamos...! ¡Nos hemos ido...!
Pero, bueno, ¿serán gilipollas los troyanos? ¿Cómo no se dieron cuenta de que el caballo era como un huevo Kinder? Sí: era un juguete, era algo nuevo, y llevaba una sorpresa dentro... La única diferencia era que en vez de chocolate... ¡era caballo!
Y luego están los romanos, que para un imperio que tenían se les cayó. Claro, ¿qué se puede esperar de un pueblo cuyo personaje más importante, Julio César, es un tío que llevaba una rama de laurel en la cabeza, como Paco Porras?
Fijaos si eran idiotas que inventan los números romanos y luego no los usan. Porque todos los reyes tienen números romanos menos los romanos: Alfonso X, Luis XVI, Juan Carlos I... y, sin embargo, ellos se llamaban Marco Aurelio, Octavio Augusto, Julio César... ¡Coño! ¡Si más que emperadores parecen futbolistas brasileños!
Hasta los árabes, que inventaron los números árabes, o sea, los normales, llevan números romanos: Abderramán I, Abderramán "", Abderramán III... que, por cierto, ¡que manía con llamarse Abderramán!
Aunque más idiota todavía era lo de los motes: a un tío que da cuchillo a los enemigos para que maten a su hijo, le llaman Guzmán el Bueno. Pues si éste era el bueno, ¿qué hacía Pedro I el Cruel? ¿Hamburguesas de vacas locas?
O el conde-duque de Olivares... ¿En qué quedamos? ¿O conde, o duque? Esas dudas mosquean. Es decir como camarón-centollo... Mire usted: o camarón, o centollo, ¡aclárese con el marisco!
Porque por cosas más pequeñas se monta una guerra, y luego a ver quién la para, que ésa es otra. Va una guerra y dura treinta años... y ¡zas!, los tíos la llaman la Guerra de los Treinta Años. Otra dura cine años... ¡zas!, y la llaman la Guerra de los Cien Años... Claro que, seguramente, los que la sufrieran le irían cambiando el nombre año tras año... en plan:
-Pues estamos en la guerra de los cincuenta y cuatro años... y esto va para largo.
Y cuando llegaron a los cien dijeron:
-Oye, vamos a hacer las paces rapidito que ya tenemos un número redondo.
¿Pero quién le ponía los nombres a las guerras? Otro idiota: las Guerras Médicas... ¿Qué pasa, que se lanzaban jeringuillas? ¿Y la Guerra del Opio? Ésa sí que tuvo que ser divertida, todos colocaos...
-Está guay esta guerra, ¿eh?... Yo me voy a reenganchar.
A la Historia también se puede pasar porque tu madre te pegue la bronca, como Boabdil el Chico, que perdió Granada y su madre lo puso a caldo:
-Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre...
Un momento, un momento. ¿Eso es lo que diría una madre? Yo no me lo creo... las madres no hablan así; lo normal es que le dijera:
-Mira que te lo dije, Boabdil: "Que vas a perder Granada... que vas a perder Granada...", y tú, ni caso. ¡Un día de éstos vas a perder la cabeza y no te vas a dar ni cuenta!
Pero si hablamos de idiotas que han pasado a la Historia, el que se lleva la palma es Cristóbal Colón. Un tío que descubrió América... pero por equivocación. ¡Porque él iba a la India!
Llega el tal Colón, más chulo que un ocho, y le dice a los Reyes Católicos:
-Miren, yo voy a ir a la India al revés que todo el mundo.
O sea, que el tío, ya en aquella época, tenía la misma obsesión que todos los hombres: buscar atajos.
Pero como todos los tontos tienen suerte, Colón encontró a dos que eran más tontos que él: los Reyes Católicos. Para convencerlos de que la Tierra era redonda se sacó un huevo y lo plantó encima de la mesa... E Isabel la Católica dijo:
-Hombre, Colón, si eres capaz de hacer eso con un huevo, está claro que la Tierra es redonda...
Colón, además de idiota, era cabezón. Se empeñó en que había llegado a la India y no había quien le quitara la idea...
-Ya hemos llegado, esto es la India... Si ya decía yo que por aquí era más corto...
Y los indígenas:
-Que no, que somos americanos... Fritos, ketchup, silla eléctrica...
Vamos, no le convencieron ni a la hora de cenar:
-Hamburguesa muy hecha, poco hecha o al punto... Patatas fritas o asadas...
Y Colón dijo:
-¿Patata...? ¿Eso qué es?
-Patata, eso que se dice siempre cuando te van a hacer una foto...
Pues ni aun así: el tío era tan cerrado que se trajo las patatas, pero a ellos les siguió llamando indios.
En fin, que hay gente que ha pasado a la Historia por las cosas más increíbles: Van Gogh por cortarse una oreja, Marco Polo por irse a la China y traer los petardos, Pilatos por lavarse las manos y Gandhi por dejar de comer, como las modelos...
No se extrañen de que dentro de cien años la gente que pase a la Historia sea la que ahora sale en la portada del Diez Minutos.




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