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Baños de mujeres
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-¡Oye!, eh, ah, ¿sabéis dónde está el servicio? No claro, le pregunto a las chicas. ¿Habéis?, ¿sí?, ¿habéis ido? ¿Sí?, ¿y qué tal? ¿Sí?, ¿está bien?

Jo, es que... es que se lleva uno cada sorpresa, ¿verdad? Porque, madre mía... De todas maneras, también me gustaría que alguna de las que habéis ido me dierais una pista, porque... Sí, porque cada es vez es más difícil distinguir el cuarto de baño de las chicas del de los chicos... Tú vas al pasillo, estás que te lo haces y te dicen: "Al fondo del pasillo". Y tú vas al fondo del pasillo, tiquití, tiquití, tiquití y cuando llegas allí: una puerta, otra puerta. Un misil y un volcán. ¿Un misil y un volcán? ¿Y yo qué soy?, ¿misil o volcán?

Hombre... Menos mal que hay pistas, hay pistas que no fallan. Como por ejemplo: al cuarto de baño de señoras siempre van de dos en dos. Claro.

Hay pistas peores, ¿eh? Hay pistas que son dolorosas. Por ejemplo, otra que no falla: en el servicio de mujeres siempre hay cola. Pero cola que llega hasta la mitad del pasillo. Y siempre hay una tía que quiere hablar, en la cola. Pero a mí qué me importa lo que estás diciendo, tía, si yo lo que quiero es entrar. Claro. Y tú estás... estás con la mirada fija en esa puerta, esa puerta que se tiene que abrir y aguantando como puedes. Y cuando por fin se abre la puerta, entras corriendo y cierras detrás para que nadie se cuele.

Cuando has entrado. Cuando has entrado vuelves a ser consciente de lo guarro que está todo. Ese barrillo... Ese barrillo como chocolate y todo lleno de papeles, y tú de puntillas. Y claro: como no hay una puñetera percha que llevarse al bolso, el bolso te lo tienes que quitar y te lo tienes que poner en el cuello, de collar.

El abrigo, porque claro, en invierno es mucho peor. El abrigo, que suele ser largo, porque ahora a los modistas les ha dado por hacer los abrigos largos, te lo tienes que poner en los brazos, como si fuera un echarpe. Y eso si tiene raja por detrás, porque si no tiene raja por detrás te lo tienes que poner por encima. Porque si te lo pones por los brazos, ¿con qué te desabrochas? Y si te lo pones por arriba... es que no ves. Con lo cual te terminas por quitar el abrigo y te lo pones de bufanda.

Ya... ya hemos llegado a un punto en el que te puedes quitar la ropa, pero, claro, hay que tener mucho cuidado de que nada toque el suelo, ¿eh?. Para eso... para eso tienes que abrir mucho las piernas. Y no, por supuesto no puedes ni rozar la taza, nada, nada, nada.

Cuando estás ahí, ya parece que has llegado, ¿no? Bueno, pues de repente se apaga la luz. ¿Dónde está la luz? La luz está fuera.

Claro, que si esto te pasa yendo de marcha y pedo: el acabose. Porque, por muy pedo que estés, nunca dejas de ser consciente de lo guarro que está todo, claro. Y tienes que hacer verdaderos esfuerzos para no rozar nada.

Entonces, para eso hay dos posibilidades: o poner la mano detrás, o pegar la cabeza a la puerta. Y una vez que estás así, intentando atinar, cantas una canción, la que está sonando fuera, para que nadie abra... porque tampoco hay pestillo: "Every body, yeah... Every body, yeah...".

Por fin terminas y parece que te has quedado relajada ¿Y qué pasa? Que no hay papel. Nunca hay papel. Buscas en el bolso y terminas por limpiarte con el resguardo del cajero. Ja, ja, ja, si el saldo es positivo, pero como esté en números rojos... ¿qué?

En fin, que me voy por las ramas, me entretengo y... Y yo, ahora mismo pues la verdad es que me tengo que ir al servicio y tengo tres problemas: primero lo tengo que encontrar; después tengo que encontrar una amiga que se venga conmigo; y luego tengo que saber si soy misil o volcán. Me lo voy a pensar.





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